Adrián Chavarría Espinosa
Casi sin sentirlo, pero ya transcurrió la primera cuarta parte del Siglo XXI, donde quizá como en ninguna otra época de la humanidad los avances tecnológicos se han desarrollado en forma acelerada, básicamente en las últimas dos décadas no solo por la aparición del internet, sino por su masificación, al grado de resultar hoy día en un servicio tan indispensable como la electricidad, por ejemplo, pero sin descartar lo que nos pueda sorprender a corto y largo plazo.
Si bien hace unos cuantos días a nivel mundial se celebró la llegada del año 2025, debe recordarse que aún se mantienen vigentes otros calendarios, principalmente por razones religiosas, los cuales además de tener diferentes mediciones conmemoran el inicio de sus ciclos en diversas fechas.
Antes de revisar las diferentes formas de medir el tiempo, debe responderse a una precisión: ¿estamos realmente en el año 2026? Existen varios puntos que podrían poner en duda esa aseveración. Una es que los romanos desconocían el uso del cero, es decir el número de origen, como sucede actualmente en las actuales y cotidianas contabilidades.
La segunda es que en el siglo VI, el monje llamado Dionisio “El Exiguo” se propuso contar los años a partir del nacimiento de Jesús, es decir el llamado Anno Domini, donde al tampoco manejar el cero fijó el año 1 después de Cristo como el del nacimiento de Jesús.
Pero su mayor error fue que hoy día se sabe, por fuentes históricas romanas y judías, que Herodes el Grande murió en el año 4 a.C., mientras que los evangelios señalan que Jesús debió nacer antes de la muerte de ese rey, por lo tanto se calcula que ese acontecimiento debió suceder entre los años siete y cuatro antes de Cristo, es decir ahí existe una imprecisión.
Entonces el hecho de que los romanos no conocieran el cero, actualmente ya está considerado en la lógica del calendario Gregoriano, el cual se basa en el sistema Anno Domini establecido en el siglo VI, donde se considera que el año 1 a.C. es seguido por el 1 d.C., omitiéndose el cero. De esta forma los años se cuentan continuamente hasta 2026.
Aunque matemáticamente los conteos inician desde cero, en el calendario histórico nunca sucedió y todo el sistema está construido con esa regla en mente. Algo semejante, por ejemplo, sucedió con el inicio del tercer milenio el cual comenzó en 2001, no en 2000, pero esta última celebración fue culturalmente válida, auque no estrictamente con certeza matemática.
Por lo tanto, no existe ningún problema dado que los presuntos desfases no califican como errores y, en conclusión, el año 2026 es resulta ser perfectamente válido, aunque no bajo el enfoque astronómico y matemático, donde sí se recurre a un año 0 (equivalente a 1 a.C.) para facilitar cálculos, lo cual resulta ser una convención científica, no civil.
Ahora, dentro de los diferentes calendarios en uso el llamado Gregoriano, de tipo solar, fue instaurado en 1582 por el Papa Gregorio XIII, para ser el oficial en la mayoría de los países, en particular para uso comercial; el Juliano –también solar–, fue introducido por Julio César en el año 46 a. C., antes de la conquista romana de Egipto. Era el predominante en la mayor parte de Europa y en los asentamientos europeos de América y otros lugares
Aunque fue sustituido progresivamente por el calendario gregoriano –con el cual mantiene un desfase de trece días–, es utilizado por las iglesias ortodoxas de Rusia, Serbia y Georgia. Rusia fue una de los últimos países en abandonarlo. Por ello, su Revolución tuvo lugar el 25 de octubre de 1917, pero por ese desfase hoy día se conmemora 7 de noviembre.
Otro calendario es el del Islam, reconocido en países musulmanes y comunidades de esa religión, basado en la Luna, originado en el año 622 d.C., cuando sucedió la Hégira, es decir la migración de Mahoma a Medina, usado para fijar fiestas religiosas como el Ramadán.
En el caso del calendario hebreo, reconocido por Israel y los judíos, combina los ciclos lunares y solares. Inicia con la narración de la creación del Génesis, que según la tradición judía fue el domingo 7 de octubre del año 3760 a. C., equivalente al día 1 del mes de Tishrei del año 1. Así, el actual año hebreo es el 5786, que comenzó al atardecer del 22 de septiembre de 2025 y terminará al atardecer del 11 de septiembre de 2026, según la medición gregoriana.
De esta forma. por ejemplo, la Pascua judía que se conmemora con el inicio de la Semana Santa cristiana, sucede con la primera luna llena después de la entrada de la primavera, razón por la cual esta celebración religiosa no tiene una fecha fija.
Finalmente, otro calendario popular es el chino, basado en un sistema lunisolar milenario el cual recurre tanto a fases de la Luna como en el ciclo solar; sus meses y años tienen variable duración para mantenerse sincronizados con las estaciones. Por ello, sus meses comienzan con la luna nueva y duran cerca de 29.5 días. Un año normal tiene 12 meses (unos 354 días), pero para no desfasarse del ciclo solar, se añade un mes bisiesto cada dos o tres años.
Fue instaurado por Huang Di, llamado Emperador Amarillo en el 2637 a.C., donde según la leyenda lo inventó para medir el tiempo en ciclos de 60 años, donde se combinan diez Troncos Celestiales asociados a los cinco elementos –madera, fuego, tierra, metal y agua–, y doce Ramas Terrenales, representadas por los 12 animales de su zodiaco en un orden fijo: Rata, Buey, Tigre, Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Cabra, Mono, Gallo, Perro y Cerdo.
Así, el año de la Serpiente de Madera, correspondiente al año 4723 de la cronología gregoriana, regirá hasta el 16 de febrero de 2026, cuando iniciará el Año del Caballo de Fuego.
Más allá de ritos, creencias o religiones, los mexicanos celebramos la llegada del año 2026, donde esperamos que tras un inicio algo movido por el temblor del pasado viernes 2 de enero, a todos nos vaya mejor y tengamos una mejor calidad de vida y felicidad, deseos que van de parte del autor de estas líneas a todos sus lectores.










































