Gato de Barrio /
Si nos quejamos de que en calles, avenidas y carreteras de nuestro país vemos basura de todo tipo, se debe considerar que existe otro sitio donde desde hace casi setenta años se acumula gran cantidad de desperdicios los cuales, probablemente en lo personal no nos afecten, pero si podrían afectar actividades y productivas y de comunicaciones. Se trata del espacio exterior.
De acuerdo con la estadística del ambiente espacial, publicada por la Agencia Espacial Europea (ESA) alrededor del 50% de los satélites colocados en órbita desde 1957 ya no están en operación y actualmente se les clasifica como basura espacial.
Alberto Flandes, investigador y jefe del departamento de Ciencias Espaciales del Instituto de Geofísica de la UNAM, detalló que al quedar un satélite inservible, lo recomendable es retirarlo de la órbita activa para evitar colisiones, ya sea a través de su reingreso controlado a la atmósfera, para que se queme y destruya, o llevarlo a una órbita cementerio, la cual se ubica al menos a 235 kilómetros por encima de la órbita geoestacionaria, es decir, arriba de los 36 mil 300 kilómetros de altura.
Se recuerdan al menos tres casos de estaciones espaciales. El Skylab, primera estación de Estados Unidos, que en julio de 1979, cuando tras años de servicio y un reinicio de sistema fallido regresó a la atmósfera descontroladamente; sus restos cayeron en Australia Occidental y el océano Índico; el laboratorio chino Tiangong-2, que en julio de 2019 salió de orbita de forma controlada; donde la mayor parte de su estructura se desintegró al atravesar la atmósfera en el Pacífico Sur; y la estación rusa Mir, que en marzo de 2001 fue retirada de orbita de manera controlada, quemándose y desintegrándose y sus últimos restos cayeron en el Pacífico Sur.
La idea de órbitas cementerio no es nueva. El investigador universitario precisó que el concepto lo propuso el astrónomo checo Luboš Perek en 1977, para liberar órbitas geoestacionarias y reducir posibles choques entre satélites activos. Sin embargo, Flandes precisó que no es la solución definitiva, al permanecer en órbita fragmentos de misiones antiguas, incluidos restos de los programas Apolo, los cuales llevan décadas flotando entre la Tierra y la Luna.
Agencias como la NASA, la europea ESA, la rusa Roscosmos, la CNSA china y la JAXA japonesa participan en este programa. En Estados Unidos, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) exige a operadores comerciales reubicar sus satélites inactivos a órbitas cementerio. Incluso, de acuerdo con la agencia meteorológica NOAA, al menos seis satélites especializados del tipo GOES ya han sido reubicados bajo este esquema. Lo que no se precisó es en cuánto tiempo pueden saturarse estas órbitas cementerio, antes de representar un nuevo riesgo espacial.
Y es que el investigador universitario debido la mayor participación de empresas privadas se ha incrementado la presión sobre el entorno espacial, ya que compañías como SpaceX pueden lanzar decenas de satélites en una sola misión mientras otras, como Blue Origin, buscan replicar este modelo.
Incluso, el tamaño de estos aparatos actualmente resulta muy variable, ya que mientras existen los llamados nanosatéites –cubos que miden diez centímetros por lado–, otros son comparables al tamaño de una persona, y algunos más llegan a ser equivalentes a un automóvil, pero debido a que portan paneles solares su tamaño se puede extender hasta decenas de metros.





































