Alebrijes en Cuadratines / Políticos y deportistas

 

Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

Recientemente fallecieron dos deportistas con una destacada trayectoria en sus respectivas modalidades, pero totalmente contrarios en sus comportamientos personales. Me refiero al marchista mexicano Ernesto Canto y al futbolista argentino Diego Armando Maradona.

Se debe reconocer que la trayectoria de Maradona fue más conocida a nivel mundial, pero no solo por su capacidad deportiva, sino también por sus escándalos personales, sus excesos con las drogas y su respaldo a gobernantes calificados como dictadores de izquierda.

En cambio Canto, quien se inició en la caminata, también conocida como marcha, admirado por la medalla de plata conquistada por el sargento José Pedraza, en los Juegos Olímpicos de México 68, para después él superar ese logro y ganar la medalla de oro en la modalidad de los 20 kilómetros en las Olimpiadas de Los Ángeles 1984.

Canto nació en la Ciudad de México el18 de octubre de 1959 y falleció el-20 de noviembre de 2020, víctima de cáncer de páncreas. Junto con María del Rosario Espinoza, son los únicos deportistas mexicanos campeones en todas las competencias del denominado ciclo olímpico, es decir desde juegos Centroamericanos, pasando por Panamericanos, campeonato Mundial hasta llegar Juegos Olímpicos, pero él lo hizo en el mismo ciclo, entre 1982 y 1984.

En los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, cuando encabezaba la prueba de los 20 kilómetros, es inexplicablemente descalificado en el kilómetro 17, completando la debacle mexicana, pues previamente también habían descalificado a Joel Sánchez en el kilómetro siete.

Maradona nació en Lanús, Argentina, el 30 de octubre de 1960, y falleció en Dique Luján, 25 de noviembre de 2020; fue delantero y mediocampista ofensivo, catalogado por varios medios como el “mejor jugador en la historia de la Copa Mundial; en los premios a Jugador del Siglo de la FIFA fue seleccionado como el “Mejor futbolista del Siglo XX” en la votación popular, así como tercer lugar en la votación de expertos seleccionados por la FIFA.

Su anotación más famosa fue llamada La mano de Dios, sucedió el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca, en el partido de cuartos de final de la Copa del Mundo entre Argentina e Inglaterra, donde el gol de Maradona, determinante para la victoria sudamericana por 2-1, fue ilegal ya que metió la mano. El otro tanto fue una jugada individual desarrollada desde medio campo, burlando a sus rivales hasta llegar al arco y vencer al portero.

En su vida personal fue protagonistas de varios escándalos donde se involucró con las drogas y con mujeres, tuvo problemas de sobrepeso; en política expresó su decidido apoyo a Fidel Castro –incluso se tatuó un retrato de él en su pierna izquierda, y del Che Guevara en el brazo derecho–, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales y Daniel Ortega.

Nadie discute que Maradona tuvo una gran trascendencia mundial, de ahí todas las reacciones suscitadas, pero a nivel nacional Canto, gran y ejemplar deportista, no recibió el reconocimiento que se merecía tras su fallecimiento.

Tras difundirse la noticia de la muerte de Maradona, entre los mensajes de condolencia, se registró un tuit del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien al recordar su paso por el Mundial de futbol de 1986 expresó textualmente: «En México, Maradona vivió su momento estelar como futbolista. En lo personal, por él encontré la gracia a este deporte. Pero mi admiración mayor siempre fue su congruencia. Nunca renunció a sus ideales aunque pagara el costo de ser políticamente incorrecto».

En la Cámara de Diputados, Gerardo Fernández Noroña solicitó a la presidencia guardar un minuto de silencio al expresar que “hoy murió un gigante del fútbol”, y asegurar que “no sólo era un espléndido futbolista sino que era un hombre comprometido con los humildes y oprimidos del mundo”. Ante lo cual los asistentes accedieron a la petición.

Nadie les discute a ambos sus preferencias personales, pero cuál fue su reacción tras el deceso de Canto: nada, ningún reconocimiento, ninguna mención, nada absolutamente. ¿Acaso no se merecía al menos un simple elogio, alguna frase de reconocimiento?

De las figuras políticas que expresaron su pesar por la muerte del marchista, solo fue Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores; los demás fueron del ámbito deportivo: Carlos Padilla, presidente del Comité Olímpico Mexicano; Mauricio Sulaiman, presidente del Consejo Mundial de Boxeo; Ana Gabriela Guevara, directora de la Comisión Nacional del Deporte, así como los exmedallistas olímpicos Daniel Aceves y Fernando Plata.

La actitud del presidente López Obrador puede calificarse como oportunista a nivel mundial, ajena al entorno nacional, al echar porras a un deportista de cuestionable reputación, pero ignorar a uno nacional que se destacó por tener una destacada trayectoria.

Lo menos que puede hacer el presidente es organizarle un homenaje a Canto, develar una placa en su honor o bautizar con su nombre alguna instalación deportiva, para que no se le califique de insensible a los mexicanos que sí merecen un reconocimiento de sus autoridades.

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