Pinochet, mujeres y reclusión

 

Por: Alicia Romo

 

México y Chile comparten nexos históricos trascendentes, son herederos de sobresalientes pueblos indígenas, sus ciudades fueron sometidas por espadas y arcabuces coloniales, anexadas el Imperio español. Naciones  fuertes, nobles, festivas.

Su relación ha sido constante, amistosa y duradera, y mucho han compartido –entre otros aspectos- el cultural e intelectual. Ejemplos de ello son: la vida de la poeta chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura (1945), quien vivió en México y aportó tanto a la educación, al fortalecimiento del respeto hacia la mujer y a la proyección de la literatura latinoamericana al resto del mundo; el apoyo que nuestro país brindó a Chile en 1973, al dar hogar a los refugiados políticos perseguidos por la dictadura militar de Augusto Pinochet, quien se impuso por la fuerza tras un golpe de estado al gobierno de Salvador Allende.

Ambas repúblicas siguen colaborando entre sí; como con la edición mexicana de acceso libre en la Red de Revistas Científicas (Redalyc), un testimonio de tres ex presidiarias políticas de la dictadura -concluida en 1990- féminas valientes e incómodas para la tiranía, la voz de las vencedoras del miedo: Valentina Álvarez, hoy socióloga y psicóloga; Elizabeth Rendic, médica dermatóloga y Gina Cerda, dedicada a la biodanza; la expresión de Mujeres tras las rejas de Pinochet, compilación de la periodista chilena Vivian Lavín.

Las páginas de vida, tanto dolorosas, como verdaderas permanecieron  demasiado tiempo sin ser leídas, las palabras de las ex combatientes contra un inminente destino ya dictado que gobernara aquél país durante diecisiete largos años, seguían ocultas; las protagonistas desaparecieron de la escena política, luego de cumplir largas condenas en la cárcel.

Sin embargo, su ímpetu revolucionario permanece vigente al delatar -no solo la violencia política- sino en particular la agresión sexual ejercida contra las mujeres por romper los cánones sociales establecidos para ellas como madres y esposas; por oponerse al confinamiento en el hogar, entre otras cosas, se les calificó de transgresoras, de criminales.

Sus relatos remueven y evocan valores como dignidad y libertad, así como el legítimo derecho a defenderlas, porque si se buscan, no importa el acoso tiránico, pues al igual que el momento más oscuro de la noche anuncia que está cerca la luz solar, las injusticias más encarnizadas pueden ser también señales de vivir mejores tiempos.

aliciaromoescritora@gmail.com

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