Maullidos Urbanos / Hernán Cortes, ¿merece una estatua?

 

Gato de Barrio

gatodebarrio@yahoo.com.mx

A Hernán Cortés normalmente se le considera como el conquistadora México, quien además estableció condiciones muy poco dignas para la población nativa; por ello se le ha considerado como un personaje histórico negativo y de ninguna forma merecedor del reconocimiento de homenajes como tener una estatua en nuestro país: además, mientras existen cientos de vialidades en muchas ciudades con nombres repetidos de personajes históricos nacionales, apenas existen una o dos pequeñas calles con el nombre del soldado de origen extremeño.

Incluso el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho en varias ocasiones que España debería disculparse con los pueblos indígenas, a ya casi 500 años de la consumación de la conquista del actual México, lo cual no ha sido aceptado por las autoridades hispanas.

Antes que nada deben precisarse varios puntos. El central: que hace 500 años no existían ni México ni España. El primero era una serie de pueblos donde los aztecas, en el centro del país, y los mayas en el sureste, eran los dominantes; en el segundo, eran varios reinos donde los de Castilla y Aragón eran los principales, pero a raíz del descubrimiento y posterior conquista de América, empezaron a integrarse como la nación que hoy conocemos. Entonces no se puede decir que existieron países conquistados y conquistadores.

Respecto a los grupos indígenas, recuérdese que los tlaxcaltecas se aliaron con los invasores y conquistadores pero para librarse al sometimiento por parte de los aztecas. Así que podría considerárseles como colaboradores de los soldados provenientes de Europa.

Por ello no puede calificarse a Cortés como un personaje negativo, como se le pretende presentar, hasta para negarle el reconocimiento de una estatua. En cambio, Francisco Villa –cuyo nombre real es Doroteo Arango–, tuvo la fortuna de aparecer en el momento ideal para ser considerado un héroe, dedicándosele múltiples estatuas, avenidas, colonias, entre otros reconocimientos, cuando en realidad era un delincuente y de no haber participado en la revolución, se le conocería por ser un sanguinario, capaz de cometer las peores atrocidades..

Entonces resulta relativo dedicar una estatua a unos personajes históricos y a otros no, bajo una serie de cuestionables criterios.

Insisto, señalar a Colón y a Cortés como conquistadores y genocidas es muy relativo, porque el primero era comerciante sin pretensiones bélicas y el segundo si bien ambicionaba fortuna y riqueza, actuó como se esperaba de él en una época donde el presunto mundo civilizado se expandía a costa de otros pueblos con un desarrollo social mucho muy diferente.

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