Adrián Chavarría Espinosa /

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Con el deceso del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano se cierra un capítulo en la historia política, en particular de la izquierda mexicana. El michoacano recibió el reconocimiento de destacados políticos de diversas ideologías, incluso contrarias a su tendencia, y quien muy seguramente, de haber alcanzado la presidencia de la república se hubiera desempeñado como un excelente mandatario, todo lo contrario de lo sucedido con Andrés Manuel López Obrador.

Aunque ambos políticos tuvieron el mismo origen y en su desarrollo inicial caminaron juntos, cuando aspiraban a un gobierno social y económicamente más equitativo, en especial para los sectores populares, el ahora expresidente desperdició su oportunidad y aunque él y sus seguidores no lo admitan, sus negativas consecuencias son cada vez más evidentes.

El hijo del general Lázaro Cárdenas nació el 1 de mayo de 1934 en el entonces Distrito Federal, en 1957 se graduó como ingeniero civil en la UNAM; durante décadas militó en el PRI y ocupó diversos cargos públicos. En 1987 rompió con el PRI junto a otros líderes y creó el Frente Democrático Nacional (FDN), para ser postulado como su candidato presidencial, aunque en unas polémicas elecciones –por el presunto fraude por la “caída del sistema”–, se acreditó la victoria a Carlos Salinas de Gortari. En 1989 fundó el Partido de la Revolución Democrática (PRD), siendo su líder moral hasta renunciar a ese instituto en noviembre de 2014.

López Obrador nació en Tepetitán, Tabasco, el 13 de noviembre de 1953. Se inició en la política en 1976 en el PRI en 1976; posteriormente se unió al FDN; participó y perdió las elecciones para gobernador de Tabasco en 1994; presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD) de 1996 a 1999; jefe de Gobierno del Distrito Federal del 2000 al 2005, cuando se postuló por primera vez como aspirante presidencial.

Si bien Cárdenas fue el primer jefe de gobierno del DF electo por el voto ciudadano y López Obrador el segundo, ese fue su último punto de coincidencia. Desde ese cargo el tabasqueño empezó a forjar su candidatura presidencial, donde al implantar las conferencias de prensa mañaneras empezó a definir la agenda política diaria, incluso por arriba del presidente Vicente Fox Quesada, quien no pudo contrarrestarlo mediáticamente.

Además, superó un intento de desafuero, mismo que sirvió para impulsarlo en sus propósitos, junto con el inicio de sus programas sociales, como el apoyo económico para los adultos mayores, que amplió a nivel nacional cuando llegó a la presidencia. Todo eso se conjugó para lograr el apoyo social para aspirar a ganar en las elecciones del 2006.

Aunque Cárdenas intentó también postularse, finalmente se retiró aunque sin expresar su respaldo al finalmente el abanderado del PRD quien pecó de soberbio, incluso no se presentó a un debate entre los diferentes aspirantes, lo que le restó votos reflejándose en el resultado final, donde perdió ante Felipe Calderón Hinojosa por apenas 0.56% de diferencia.

Sin embargo, López Obrador nunca aceptó la derrota, denunció un fraude electoral que nunca comprobó, situación que ha sido su eterno discurso para acusar a todos sus opositores del presunto robo. Por ello, convocó a un plantón en Paseo de la Reforma y a encabezar un frustrado “gobierno legítimo”. Pero Cárdenas nunca lo respaldó en esos puntos.

Desde entonces se separaron más los caminos de ambos políticos. Mientras el tabasqueño inició su larga campaña proselitista para llegar a la presidencia, donde literalmente desmanteló al PRD para fundar el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, partido que controló totalmente desde sus inicios y del cual se mantiene como líder moral.

En cambio, el michoacano se mantuvo con una visión crítica, lo que se acentuó cuando llegó López Obrador a Palacio Nacional. En varias ocasiones expresó que no veía a gobierno ni a Morena como representantes de la izquierda mexicana, al carecer de propuestas ni una base ideológica visible para un crecimiento económico que lograra sostenerse a largo plazo. Insistió: “No veo una izquierda organizada en este momento, ni a ningún político importante ubicado en lo que yo llamaría izquierda”.

Además, externó sus diferencias con varias decisiones de su administración. En su libro “Por una democracia progresista”, publicado en el 2022, cuestionó la construcción de la refinería Dos Bocas, la aprobación del proceso de revocación de mandato, la ratificación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y la política migratoria, entre otros temas, lo cual reflejó más que una disputa personal, si en desacuerdos sobre el modelo económico y el papel del Estado en el primer gobierno proclamado de izquierda.

El quiebre definitivo fue en 2023, cuando Cárdenas se sumó al grupo Méxicolectivo, con Francisco Labastida, Beatriz Pagés, Enrique Krauze, José Narro Robles, Josefina Vázquez Mota, entre otras personalidades críticas a Morena. Por ello, en una mañanera López Obrador lo calificó como su adversario político. Aunque aclaró que “en política sí es mi adversario político, si él asume una postura conservadora. Lo estimo mucho, lo respeto, lo considero precursor de este movimiento, pero estamos viviendo un momento de definiciones”.

Tras el deceso de Cárdenas, mientras políticos de todas las corrientes expresaron sus condolencias y reconocieron su valía personal, incluso con esquelas en periódicos, diversos morenistas acudieron a su velorio, pero López Obrador únicamente se limitó a un mensaje en la red “X”. Incluso la presidenta Claudia Sheinbaum propuso que el cuerpo del michoacano fuera llevado a la Rotonda de Personas Ilustres, lo cual ha sido aceptado tácitamente tanto por la sociedad como por los políticos, aun los contrarios a su ideología.

Pero cuando llegue el momento, ¿López Obrador será objeto de la misma distinción? Seguramente sus seguidores lo apoyarían, pero lo dudo de otros sectores sociales y políticos. Solo resta esperar a que la Historia emita su veredicto para colocar a cada quien en su correspondiente lugar.