Gato de Barrio /
En enero de 2025, en una conferencia de prensa y aún como presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump propuso cambiar el nombre del Golfo de México a Golfo de América, al considerarlo “que es bello y abarca mucho territorio. Qué nombre tan bello y tan apropiado”. En ese momento se comprometió a iniciar una “nueva etapa dorada para Estados Unidos”.
Esa declaración fue parte de varias expresiones en contra tanto de México como de Canadá, como anticipo a lo que impulsaría tras asumir formalmente su segundo mandato. En respuesta la mandataria mexicana Claudia Sheinbaum rechazó tal iniciativa unilateral; aclaró que no buscaba confrontación ni problemas diplomáticos con Estados Unidos, sino respeto mutuo. Recordó que el nombre histórico de Golfo de México es reconocido internacionalmente desde 1607, incluso respaldado por la Organización de las Naciones Unidas-
Resulta conveniente recordar esa situación ante su iniciativa revelada el domingo, en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, para renombrar al Paso de Cortés como el “Paso de los Pueblos Indígenas”. Ese paraje, entre los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, ha sido usado ancestralmente para la comunicación entre el Golfo de México y el centro del país.
Sheinbaum admitió que “algunos se molestaron, algunos comentócratas también” y puntualizó que “el nombre de las calles, los monumentos, las referencias que tenemos, pues hablan de la sociedad. Porque, además, antes de Cortés por ahí pasaban los indígenas. Evidentemente, era el paso y sí refleja a quién veneramos y a quién no”.
Subrayó: “¿Y quién se molesta? Pues (entonces) venera a Cortés. Esa es su referencia. Nosotros estamos en un momento distinto en la historia de México, de reconocer a los pueblos indígenas”. Agregó que existen documentos históricos que cuestionan la actuación de Hernán Cortés durante la Conquista, entre ellos registros de la Corona española relacionados con el llamado juicio de residencia al conquistador, antecedentes históricos deben ser considerados al momento de definir las referencias y nombres que prevalecen en el país.
Incluso, la mandataria agregó que ya solicitó a Luisa María Alcalde, consejera Jurídica, revisar cuál es el procedimiento a seguir para formalizar la propuesta de cambio de nombre. Dijo sentirse “muy orgullosa” por los cambios en la nomenclatura de varios sitios capitalinos cuando fue jefa de Gobierno, como el nombre al “Árbol de la Noche Triste” por el “Árbol de la Noche Victoriosa”; “Puente de Alvarado” por “Calzada México-Tenochtitlán”; y la estación del Metro “Zócalo” por “Zócalo-Tenochtitlán”.
Pero ahora es presidenta y entre sus facultades no está el definir nombres de calles ni de puntos geográficos, eso les corresponde a otras autoridades. Por lo tanto, las actitudes de Trump y de Sheinbaum resultan ser muy semejantes, al buscar cambiar renombrar referencias territoriales o de ubicaciones urbanas por cuestiones políticas más que un verdadero interés social o de defensa de sectores históricos, por lo cual ella debería recordar cómo respondió a la iniciativa de su homólogo norteamericano.
El que Sheinbaum, como anteriormente lo hizo Andrés Manuel López Obrador, busquen “reivindicar” la riqueza cultural de nuestros ancestros al buscar glorificarlos y colocarlos como lo máximo en la historia precolombina, cuando en realidad era un pueblo que mantenía sometidos a otros vecinos, motivo por el cual los sojuzgados, como los tlaxcaltecas, por ejemplo, decidieron unirse a los españoles y terminar con esa nada heroica ni honorable situación.
Se debe insistir en que lo sucedido hace ya más de cinco siglos es historia, la cual no cambiará por más que gobiernos actuales intenten modificarla o maquillarla en su beneficio particular. Siempre es mejor considerar el pasado, enfrentar el presente y trabajar por mejorar el futuro. De otra manera, no se podrán superar inútiles herencias ancestrales.





































