Adrián Chavarría Espinosa /
Una vez que fracasó el plan A de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, ahora promueve su plan B que es una propuesta, por decirlo así, descafeinada de la iniciativa original, aunque también enfrenta la inconformidad de “sus aliados”, en particular el Partido del Trabajo respecto al tema de la revocación del mandato de la jefa del Poder Ejecutivo federal.
Este punto ha sido uno de los más controvertidos y polémicos. Sucede que en el plan original, propuesto y firmado por Morena y sus partidos aliados, el Verde y el PT, se establecía que la votación para que la ciudadanía definiera si la presidenta debería abandonar su cargo por, presuntamente, pérdida de confianza seria meses después de las elecciones políticas del 2027 o el año siguiente, pero en la iniciativa se coloca la posibilidad de que sea el año próximo, por lo cual Sheinbaum no solo podría aparecer en las boletas electorales.
Es ahí donde el partido político de la estrella amarilla plantea su principal objeción, ya que bajo el argumento que la presidenta podría intervenir para “defenderse”, aparentemente sin uso de medios y tiempos oficiales, también podría hacer campaña de respaldo a los candidatos guindas a los diferentes cargos, desde presidentes municipales hasta gobernadores.
Para el PT esta situación resultaría totalmente inequitativa y sería recurso para que Morena ganara más espacios políticos y consolidarse casi como partido único donde, además, sin ningún obstáculo podría modificar el marco legal, incluso la Constitución, con lo cual pretendería consolidarse en el poder indefinidamente.
En el caso del partido Verde, aunque inicialmente anunció su respaldo a la reforma, varios integrantes de la bancada de senadores han señalado que no lo harán ciegamente. Incluso, Luis Armando Melgar también acusó que con la revocación Sheinbaum haría campaña que beneficiaría al guinda, pero no a sus aliados.
Además, Manuel Velasco, coordinador de los verdes en la Cámara Alta, advirtió que si Morena no apoya a Ruth González, su presunta aspirante a la gubernatura, legisladora y esposa del actual mandatario, entonces no habría alianza al menos en ese estado en las elecciones del próximo año.
Incluso, no podría descartarse reuniones entre PT y PV, a fin de definir el sentido de su voto, por lo cual de nuevo podría repetirse el fracaso de la primera iniciativa, ya que por ser de rango constitucional no podría alcanzar la mayoría calificada, inicialmente en la de Senadores y, en caso de suceder, en la de Diputados.
Pero se debe considerar otra objeción al tema de la revocación de mandato y es por parte de otros actores políticos y analistas: que más de cuestionar la forma en que Sheinbaum se ha posicionado para defender ese tipo de examen ciudadano.
De acuerdo con el espíritu inicial de la revocación es que al menos el 3% de la lista nominal de electores repartidos en al menos 17 estados –cerca de 2.8 millones de personas–,soliciten al INE en el mes de diciembre posterior a la mitad del sexenio, la realización del proceso. Una vez que el INE valida las firmas, emite la convocatoria correspondiente.
Entonces se procede a organizar todo el proceso para la emisión, recopilación y conteo de votos, donde la revocación solo será vinculante en caso de que participe al menos el 40% de los ciudadanos inscritos en la lista nominal, pero para aplicarse la revocación se necesita la mayoría absoluta de votos.
Debe recodarse que con Andrés Manuel López Obrador como presidente, la revocación de mandato fue el 10 de abril de 2022, primer ejercicio de este tipo en México, donde a pesar de que el tabasqueño ganó la consulta con más del 90% de votos para continuar, aunque la participación fue muy baja, menos del 18%, lejos del 40% requerido para ser vinculante.
Ahora en el caso de Sheinbaum, hasta el momento no han surgido voces que demandan sea separada de sus funciones. Incluso debe recordarse que según diversas encuestas, la mandataria mantiene una aprobación superior al 70%.
Incluso, el periódico El Universal –constante crítico del gobierno federal–, el sábado 21 publicó el Análisis de Reputación Mediática de Actores (ARMA) relativo a la presidenta donde reveló que cerró febrero con un balance del 82% de menciones positivas, por su agenda de reformas estructurales y resultados en seguridad pública, contra 7% de referencias negativas.
Entonces ¿de dónde nace la inquietud de aplicar la revocación de mandato? Hasta el momento, guste o no, el respaldo a la mandataria es amplio y nadie la cuestiona para que abandone su responsabilidad.
Así se confirma el interés presidencial de que Sheinbaum no sólo aparezca en las boletas del primer domingo de junio de 2027, sino además haga campaña y defienda –¿de quién?– su desempeño y, de paso, respalde a todos los candidatos de Morena a fin de alcanzar el mayor número de victorias guindas, para así alcanzar la mayoría legislativa absoluta.
Considero que el actual sistema político mexicano es único en el mundo, donde es desde el gobierno, no desde la oposición, donde se demanda una reforma política y, ahora, a pesar de la amplia popularidad presidencial, se insiste en aplicar la revocación de mandato. Como diría la añeja frase, mal atribuida a Don Quijote, “cosas veredes”.








































