Gato de Barrio /

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A pesar de los constantes exhortos de altos funcionarios federales y de dirigentes de Morena para mantener la unidad al interior del partido, existen evidencias de grietas a su interior de que esas recomendaciones no son escuchadas. Como ejemplo se puede ver lo que sucede al interior del Senado de la República, junto con sus repercusiones en el Estado de México.

Vayamos por partes. Tras que Laura Itzel Castillo terminó su periodo como presidenta de la mesa directiva de la Cámara Alta, y ahora asumir la titularidad de la Secretaría de la Mujer en el gobierno federal, hubo tres aspirantes a sucederla: Óscar Cantón Zetina, Manuel Huerta Ladrón de Guevara e Higinio Martínez Miranda, siendo el último quien concilió el respaldo a su favor de los legisladores morenistas, quienes al tener mayoría puede elegir quién ocupara ese cargo sin necesidad del respaldo de otros partidos.

Aunque en la sesión plenaria los senadores presentes todos votaron en favor del mexiquense, hubo una voz inconforme: la de Gerardo Fernández Noroña, quien había sido el presidente el año pasado, pero sin un óptimo desempeño, su egolatría y desenfreno –aunque eso no le importó y quería repetir en el cargo–, no logró el respaldo de sus correligionarios.

Tras la elección de Martínez Miranda, el inconforme explotó y tras descalificar esa elección, lamentó el perfil elegido. Tras afirmar que la nueva presidencia es de connivencia con la oposición, no de respeto a ella oposición, expresó: “Lo considero un yerro mayúsculo y no deseo guardar silencio al respecto. Detrás de los llamados consensos se diluyen decisiones políticas de las que, más tarde, nadie se hace responsable. (…) Estoy seguro que una presidencia de connivencia con la derecha fortalecerá la ofensiva insidiosa en contra de la 4T”.

Cuestionó que, bajo el argumento de construir acuerdos, puedan diluirse decisiones políticas cuya responsabilidad se pierda entre los distintos actores involucrados. Por último, insinuó que la elección de Higinio Martínez se definió “extramuros”. Sin duda, con ese tipo de actitudes Fernández Noroña será un constante problema en el Senado y no solo para Morena.

Respecto al Estado de México, el que Martínez Miranda encabece la mesa directiva senatorial puede considerarse como un muy anticipado movimiento político con miras a la sucesión de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, previsto en las elecciones del 2029.

Debe recordarse que la mandataria, el senador y Horacio Duarte Olivares, actual secretario de Gobierno mexiquense, integraron lo que se conoció como el Grupo Texcoco, el cual se rompió cuando Andrés Manuel López Obrador decidió que en las elecciones estatales de 2023 la candidatura fuera para la maestra y exalcaldesa, lo que molestó al actual senador.

Aunque Gómez Álvarez intentó una reconciliación con Martínez Miranda al ofrecerle un cargo en su gabinete, este último no lo aceptó y tras una separación voluntaria del Senado por casi un año, entre febrero de 2025 y febrero de 2026, decidió proseguir en sus labores legislativas, por lo que ahora debe esperarse de él es lograr la visibilidad necesaria para ser considerado como aspirante a la candidatura de Morena al gobierno del Estado de México.

Un punto donde coinciden analistas políticos es que para quedar como titular en la mesa directiva del Senado, debió contar con el visto bueno de la presidenta Claudia Sheinbaum, lo cual podría interpretarse como su aval para promoverse rumbo al Palacio de Gobierno en Toluca, aunque sin las simpatías de Gómez Álvarez, quien aparentemente preferiría a Duarte Olivares como su candidato para el relevo institucional.

En fin, sin duda por lo que podría ser considerado como el factor adelantado Martínez Miranda, generará inquietudes y provocará reajustes en el panorama político mexiquense, aunque para poder hacer pronósticos futuristas con algún tipo de certeza, primero se deberá ver cómo evolucionan y terminan las elecciones del próximo año, a fin de conocer la situación de Morena y de sus militantes ya con miras al 2029.