Adrián Chavarría Espinosa /
En el presente año se han registrado once terremotos con una magnitud superior a los 7 grados en diferentes puntos del mundo, aunque las consecuencias han sido contrastantes, ya que mientras en algunos eventos solo se reportaron daños materiales, en otros sismos, como los sucedidos en Venezuela, el número de decesos superaron las seis mil cien víctimas.
El primero de los dos movimientos telúricos en Venezuela sucedió a las seis de la tarde con cuatro minutos del 24 de junio, con epicentro a 20 kilómetros al este de San Felipe, Yaracuy y una magnitud de 7.2, mientras el más fuerte se produjo 39 segundos después, con epicentro a 17 kilómetros al oeste de Catia La Mar, La Guaira, con una intensidad de 7.5.
En el caso de Colombia el sismo tuvo lugar el 10 de agosto, cuyo epicentro se ubicó en San José del Palmar, departamento del Chocó, aproximadamente a 240 kilómetros al oeste de Bogotá, ciudad capital, aunque después se registraron réplicas de menor intensidad. El número de víctimas se actualiza y los últimos reportes informan un saldo cercano a 300 fallecidos.
Entre las ciudades más afectadas fueron Cali, con el reporte de al menos 56 inmuebles colapsados; en Pereira decenas de edificios quedaron completamente destruidos; además se reportaron daños severos y pérdidas humanas en Manizales, Buenaventura y Quibdó.
El terremoto de mayor intensidad en este año sucedió el 7 de junio, con magnitud de 7.8, a unos 32 kilómetros frente a la costa oeste de Maasim, provincia de Sarangani, donde la zona más afectada fue la isla de Mindanao, la segunda más grande y segunda más poblada de Filipinas, donde radican unos 26 millones de personas, con un saldo de 107 fallecidos.
Otro sismo de magnitud 7.5 –similar al de Venezuela–, tuvo lugar en el archipiélago de islas del Pacífico, al este de Australia, donde la mayor afectación sucedió al norte de la isla de Tonga, a una profundidad aproximada de 230 kilómetros, a más de 165 kilómetros de Neiafu y cerca de 275 kilómetros de Nuku’alofa, la capital, sin reporte de daños materiales ni víctimas.
Hubo otros dos terremotos de magnitud 7.4. Uno en Indonesia –archipiélago conformado por más de 17 mil islas–, con epicentro a 35 kilómetros de profundidad en el mar de Molucas, frente a la costa de Ternate, con solo un deceso; el otro fue el 20 de abril en el Pacífico al norte de la prefectura de Iwate, en Japón. El temblor sacudió grandes edificios, donde se informó de 38 decesos; incluso el movimiento fue sentido hasta Tokio, a cientos de kilómetros de distancia.
Otros dos terremotos fueron de magnitud 7.3. El primero ocurrió el 30 de marzo en Vanuatu –país integrado por más de 80 islas, en el Pacífico Sur–, a casi 287 kilómetros al norte-noroeste de Port Vila y a 35 kilómetros al noreste de Luganville, segunda ciudad más grande de esa nación, su epicentro se localizó a una profundidad de 115 kilómetros, sin existir víctimas.
El segundo fue en territorio mexicano el 17 de julio, más exactamente frente a la costa de Chiapas, su epicentro se ubicó a 135 kilómetros al suroeste de Ciudad Hidalgo a una profundidad de diez kilómetros. En este evento tampoco se registraron víctimas mortales.
El décimo sismo, este de magnitud 7.1, ocurrió en la costa de Kota Belud, capital de Sabah, el 22 de febrero de 2026, a una profundidad de 629 kilómetros, también sin información de víctimas o daños materiales. El más reciente fue el 14 de agosto, nuevamente en Indonesia, de magnitud 7.7 en la región de Flores, a una profundidad de diez kilómetros, con epicentro a 68 kilómetros al norte-noroeste de Ende. Al día siguiente sucedió una réplica de magnitud 5.7, para un saldo total de 53 muertos, 137 heridos y más de cinco mil personas desalojadas.
Aunque todos los terremotos fueron en diferentes puntos de la Tierra, el Instituto Smithsoniano revela que cerca del 90% de ellos ocurren en los 40 mil 250 kilómetros del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, el cual comprende una serie de placas tectónicas y se extiende desde Sudamérica sube por la costa oeste de Norteamérica, pasa por el estrecho de Bering y continúa hasta Japón y Nueva Zelanda.
Debe recordarse que una placa tectónica es como la pieza de un rompecabezas gigante que conforma la corteza de la Tierra y cuando la Placa del Pacífico se mueve, choca o se desliza debajo de las otras que la rodean es cuando suceden los sismos o terremotos.
La placa del Pacífico es la más grande al centro de ese océano. Incluye las placas Norteamericana, Cocos y Placa de Rivera, frente a costas de México y Centroamérica; la de Nazca, en Sudamérica y afecta a Chile, Perú y Ecuador; la Euroasiática, al borde oeste del océano, cerca de Rusia y China; la Filipina, más pequeña, bajo las islas de Filipinas y al sur de Japón; la Indoaustraliana, al sur del Pacífico, cerca de Australia, Indonesia y Nueva Zelanda.
Se debe considerar que no existe forma de pronosticar cuándo sucederá un sismo, pero mientras menos temblores se registren entonces aumenta la tensión entre las placas y resulta más probable se presente un movimiento de mayor magnitud, es decir un terremoto de letales consecuencias.
En México, desde los terremotos de 1985, se ha fortalecido la cultura de la prevención y de la protección civil por lo cual, afortunadamente, cuando se presenta un fuerte temblor, resulta menor el número de víctimas y daños materiales, lo cual evidentemente no ha sucedido en otras naciones como aconteció, por ejemplo, en las zonas afectadas de Venezuela y Colombia.
Sin embargo, los mexicanos no debemos sentirnos tranquilos, al contrario, debemos estar atentos y preparados para responder adecuadamente cuando suceda un fuerte sismo.







































