Gato de Barrio
Después de que fue rechazado un pretencioso plan A de Claudia Sheinbaum, quien después /impulsó un descafeinado plan B, lo que finalmente se aprobó en la Cámara de Senadores fue un paupérrimo plan C, que a pesar del supuesto optimismo presidencial de que «la modificación a la revocación de mandato no era obligatoria», advirtió, que eso “no es bueno para el país” ya que, dijo, los partidos temen que bajen sus votos, si es que ella aparece en la boleta de las elecciones de 2027 y reiteró que será el pueblo quien juzgará a cada partido.
Tras de que inicialmente se pretendía transformar todo el sistema electoral nacional, reducir organismos, procesos y recursos, se pasó a intentar adelantar el proceso de revocación presidencial para solamente “terminar” con los presuntos privilegios de funcionarios electorales, así como los recursos para congresos locales y ayuntamientos, medidas que posiblemente sean impugnadas legalmente ya que indebidamente afectan la soberanía de los estados.
Sheinbaum podrá decir mucho, como el que tenía derecho a defenderse cuando sea el proceso de revocación, pero hacerlo cuando se realizan las elecciones intermedias de 2027, sencillamente era involucrarse en campañas de los candidatos de Morena, a fin de apoyarlos y, respaldarlos para garantizar su triunfo en las urnas y así consolidar su dominio político.
Y a pesar de que el Partido del Trabajo tiene pocos legisladores federales –44 diputados y seis senadores–, Morena los necesitaba para alcanzar la mayoría calificada requerida para lograr cualquier reforma constitucional, ya fuera en el plan A o B, hasta así llegar al C.
Esa fue la razón por lo cual el PT respaldaba lo sobrante del plan A, se obstinó en rechazar totalmente el ejercicio de la revocación en junio de 2027 para diferirlo de mes en ese mismo año o hasta el año siguiente. De esa manera, garantizaba que, a pesar de ser aliados electorales, no resultaran avasallados en las urnas con el riesgo de perder su registro.
La presidenta aseguró que “el pueblo” sabrá definir en las urnas para emitir un voto de castigo a quienes les “fallaron”, pero debe analizarse que por el mal trabajo político ejecutado por los morenistas –desde presidentes municipales, regidores, diputados locales y federales, senadores hasta gobernadores–, ellos podrían ser los receptores de esos sufragios negativos.
En el caso de Sheinbaum el supuesto proceso de revocación resulta ser una falsa premisa, ya que nadie, ni siquiera la oposición real, ha pedido sea sujeta a un tipo de ejercicio sancionatorio. Es más, la gran mayoría de encuestas la ubican en un rango promedio del 70%, porcentaje que no han tenido sus predecesores.
Entonces dígase lo que se diga, el no haber sido aprobado ni el plan A o el B, resulta ser un fracaso para la inquilina de Palacio Nacional, así como para los considerados integrantes del ala dura de Morena –interesados en obtener el mayor poder posible–, pero ahora resta esperar qué sucederá o intentarán en el futuro para alcanzar ese objetivo.
Incluso, no debe olvidarse que el INE puede otorgar el registro condicionado a nuevos partidos políticos, lo cual evidentemente y de acuerdo al número de los que sean autorizados, se conformará un nuevo panorama político y cambiará el interés y la respuesta ciudadana en las próximas elecciones.








































