Gato de Barrio /
El 20 de julio de 1979 –hace 47 años–, las columnas guerrilleras del Frente Sandista de Liberación Nacional (FSLN) ingresaron a Managua, con un amplio respaldo popular, para así terminar con la dictadura de la familia Somoza –en ese entonces encabezada por Anastasio Somoza Debayle, la cual se inició en 1936, es decir que se prolongó por 43 años–, siempre con el amplio respaldo del gobierno de Estados Unidos.
Posteriormente, se instauró la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, formada por cinco miembros donde su coordinador, que hacía las veces de presidente, fue Daniel Ortega, acompañado por los otros sandinistas Sergio Ramírez y Moisés Hassan, el empresario Alfonso Robelo y Violeta Chamorro, viuda del periodista Pedro Joaquín Chamorro.
En las elecciones de noviembre de 1984, Ortega ganó con mayoría del 63% de los votos e inició su mandato el 10 de enero de 1985. En su gestión puso en práctica ideas del partido, partes del programa sandinista inspiradas en el sistema socialista, marxista y leninista de Fidel Castro en Cuba, mientras otras mostraban la influencia de los partidos socialistas europeos.
Aunque intentó reelegirse en 1990, fue derrotado por Chamorro, quien se presentó como la candidata a la paz y prometiendo acabar con la guerra de los Contras, financiada por Estados Unidos. En las elecciones generales de noviembre de 2001, en un nuevo intento de volver a la presidencia Ortega perdería frente a Enrique Bolaños del Partido Liberal Constitucionalista.
Con el paso del tiempo se apoderó de la dirigencia del FSLN, para lo cual desplazó a varios de sus compañeros de guerrilla como Sergio Ramírez, incluso algunos salieron del país. En 2006, aunque apenas con 37.99% de los votos Ortega ganó nuevamente la Presidencia.
Aunque siguio en el poder después de tres elecciones, desde 2010 hasta 2022 –lapso en que enfrentó varios conflictos sociales tanto internos como con otras naciones, Ortega se postuló para un periodo más, junto con su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta. En noviembre de 2024 reformó la constitución nicaragüense para extender su mandato de cinco a seis años y que su esposa y vicepresidenta fuera declarada como copresidenta.
Pero ahora, en el 47 aniversario de la Revolución Sandinista, anunció que en Nicaragua «nunca volverían a haber elecciones», con lo cual los siguientes comicios generales, previstos para noviembre de 2027, quedaron cancelados lo cual no resultó del agrado de sus opositores, en particular de sus adversarios y de analistas políticos.
En su discurso el exguerrillero desestimó cualquier opción de alternancia política. Dijo: «Aquí no volverá a haber elecciones (…) para que por ahí intenten ellos [la oposición] atrapar al Gobierno, atrapar al poder. Se acabó la historia de que los partidos puestos por los ‘yanquis’, puestos por los ‘somocistas’, vuelvan a llegar al Gobierno. Jamás, jamás».
Por lo expuesto resulta evidente que un exguerrillero, quien luchó por terminar con un dictador terminó convirtiéndose en uno de ellos, donde quedaron en el olvido las frases y promesas de libertad, democracia y beneficios sociales para las mayorías.
Lo más lamentable es que ese tipo de situaciones políticas, donde un presunto luchador social cuando llega al poder, deja atrás sus ideales para mantenerse en el poder todo el tiempo, se ha repetido en otras naciones como Cuba y Venezuela, países donde las crisis populares tristemente se han agudizado sin existir alguna posible salida o solución hasta el momento.
Probablemente muchos considerarían que México podría estar en ese camino, donde Morena ya desapareció a los órganos autónomos, mantiene bajo su dominio al Poder Judicial, a los órganos electorales y controla la mayoría en las cámaras de Diputados y Senadores.
Para evitarlo es necesario que la oposición presente a candidatos que superen a sus adversarios morenistas y, en las elecciones del 2027 ganen no solo gubernaturas, también logren que el actual partido oficial no logre la mayoría legislativa para así frenar y de ser posible revertir medidas que han perjudicado la vida institucional de nuestro país.








































