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Gato de Barrio /

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A lo largo de sus diferentes campañas proselitistas para ganar la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador enarboló la bandera de “Por el bien de todos, primero los pobres”, para ello planteaba que la redistribución de la riqueza no debía ser a través de la desposesión forzada a las clases altas, sino canalizando los recursos del Estado hacia los sectores más vulnerables para fortalecer el consumo de base y reducir la brecha social, para lo cual cuando al final ganó implementó becas y programas a diferentes sectores sociales.

Aclaró que no estaba contra empresarios y ciudadanos que generaran riqueza, siempre y cuando fuera producto del trabajo, inversión y esfuerzo legales, pero no del tráfico de influencias o la corrupción, al considerar que en otros sexenios existieron “gobiernos al servicio de una minoría rapaz”, por ello pretendía separar el poder político del económico para que el Estado fuera un árbitro neutro y orientado al beneficio general.

Además, bajo su visión de “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre” y para redistribuir recursos oficiales a programas sociales e infraestructura, ordenó recortar gastos burocráticos y eliminar la condonación de impuestos a grandes corporativos y millonarios.

Es más, López Obrador presumió que en su sexenio, de los cerca de 51.9 millones de personas en pobreza existentes en 2018, para el 2024 se habían reducido en 38.5 millones, una baja de 13.4 millones de personas; en porcentajes pasaron de cerca de 41.9% a 29.6%. En pobreza extrema, la reducción fue de aproximadamente 1.7 millones de personas, pero según especialistas estas cifras pueden ser cuestionables por su interpretación política.

Pero mientras los apoyos sociales se otorgan indiscriminadamente al grado de que para el 2027 se planea canalizarles un billón 25 mil 388.5 millones de pesos, lo cual representaría el 2.6% del Producto Interno Bruto y aproximadamente 9.75% del gasto neto total. Sin embargo, varios programas sociales han sido señalados como opacos y corruptos al existir denuncias de beneficiarios “fantasmas” y de recursos mal aplicados o para obras incompletas o falsas.

Por el contrario se debe señalar que la revista Forbes sumó a dos personas a la lista de multimillonarios en México para llegar a 24 personas quienes, en conjunto, tienen 267 mil 300 millones de dólares (mdd), más del 40% del Presupuesto de Egresos de la Federación 2026. Según Forbes es una señal de que la riqueza aún crece en el país pero inequitativamente.

Acerca de la lista de los cinco mexicanos más ricos del país, cuyas fortunas aumentaron 30% entre 2024 y 2025, este año no ha cambiado. Ellos son; 1.- Carlos Slim, quien junto con su familia amasan una fortuna de 122 mil 400 mdd. Además, Slim ocupa el puesto 15 de las personas más ricas del mundo. 2.- Germán Larrea, propietario de Grupo México, actualmente tiene el sitio 30 entre los más ricos del mundo con una fortuna de 68 mil 500 mdd. 3.- Alejandro Baillères se le ubica en el lugar 162 a nivel mundial, con una fortuna de 17 mil 300 mdd.

4.- María Asunción Aramburuzabala, a nivel mundial se le coloca en el sitio 401, con una fortuna de nueve mil 200 mdd; y 5.- Carlos Hank Rhon, con una riqueza de cuatro mil 400 mdd, para estar en el lugar 994 a nivel mundial.

Otros nombres de milimillonarios son Fernando Chico Pardo, con tres mil 800 mdd; Ricardo Salinas Pliego, con tres mil 700 mdd; Antonio del Valle Ruiz, con tres mil 600 mdd, y Rufino Vigil González, con tres mil 100 mdd. Este año se agregan Manuel Arango Arias, cofundador de Bodega Aurrera, con una fortuna calculada de dos mil 100 mdd, y Eugenio Baeza Fares, fundador y presidente de Grupo Bafar, con una fortuna de casi mil 200 mdd.

Para Carlos Brown, director de Programas de Oxfam México, esta concentración de la riqueza es resultado de un modelo económico que beneficia solo a algunas personas. Dijo que, “en un país donde el crecimiento del capital es mayor que el de la economía, la desigualdad se convierte en una consecuencia previsible para el Estado y difícil de eludir para su población”.

En resumen, a pesar de las cifras y discursos optimistas de la cuarta transformación, no se ha cumplido con el propósito de beneficiar a los más pobres del país, lo cual no se resolvería con el reparto de dinero mediante los programas sociales, lo cual ha provocado que muchos mexicanos abandonen sus propósitos de mejoría personal en espera de solo estirar la mano y recibir becas y pensiones familiares.

Debe recordarse el proverbio chino de que a las personas no se les debe regalar el pescado, sino es mejor enseñarles a pescar. Es decir, en lugar de practicar la ayuda asistencialista sería mejor alentarlas a ser productivas, a generar riqueza por ellos mismos, a imitar el ejemplo de personas que lograron superarse gracias a su esfuerzo personal, como por ejemplo muchos de los actuales millonarios mexicanos.