«La Cuarta Terquedad»

López Obrador y sus necedades / Alebrijes en Cuadratines

 

Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

Recientemente, en el periódico Milenio el cartonista Jabaz publicó una caricatura que tituló como La cuarta Terquedad donde considero que se muestra la forma como piensa, actúa y responde Andrés Manuel López Obrador en su diario actuar como presidente de la república.

En la gráfica se observa a un muy molesto López Obrador quien conduce un automóvil, pero por la ventanilla trasera se observa una gran cantidad de vehículos que circulan en otra dirección y por ello expresa: “¡Que terquedad de todo el mundo de ir en sentido contrario!”.

Es decir, según la caricatura el mandatario mexicano es el único que se conduce correctamente aunque los demás lo contradigan pero, como lo ha reconocido en anteriores y reiteradas veces, es una persona necia y que se mantiene firme en sus decisiones. Debe reconocerse que en muy pocas ocasiones ha cambiado de opinión, pero ha sido más que bajo presión y sin quererlo admitir abiertamente.

Por ejemplo, ante la actual contingencia de salud por el Covid-19, a pesar de las recomendaciones y sugerencias para limitar la presencia de personas en sitios públicos, en el cuarto fin de semana de marzo alentaba a las familias a salir a las calles normalmente, como si fueran vacaciones.

Días después, las condiciones cambiaron. El número de casos sospechosos y contagios ascendieron sensiblemente. Incluso, Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México, entre sus disposiciones públicas que emitió para evitar la propagación del coronavirus, estableció que las reuniones públicas deberían ser máximo de cincuenta personas.

Sin embargo, López Obrador decidió que el número fuera mayor, más precisamente el doble: cien personas. ¿La razón? Poder continuar sin problemas con sus conferencias mañaneras en Palacio Nacional, dónde hasta apenas el viernes anterior se empezaron a aplicar medidas preventivas sobre los periodistas asistentes.

Posteriormente, con el anuncio del cierre de oficinas gubernamentales federales en áreas no prioritarias, ya que las necesarias como salud, seguridad pública, recolección de basura, entre otras, debían de mantenerse activas, él insistió en seguir con sus actividades públicas, aunque sin la presencia de personas del pueblo, por lo cual emitió disculpas anticipadas por no poderlas besar ni abrazar.

Así López Obrador anunció que mantendría sus giras de trabajo para supervisar obras, como lo hizo este fin de semana en Nayarit y Baja California, aunque ya el viernes por la noche subió a sus redes sociales un mensaje para exhortar a la población a no salir de sus casas.

Es decir, ante la realidad, en una semana tuvo que cambiar de opinión y aceptar que se limite la presencia de las personas en calles y sitios públicos, aunque esa propuesta es insuficiente, ya que también lo recomendable sería que él limitara sus giras de trabajo, porque no se solo se expone a un posible contagio, también corren el riesgo tanto su equipo de colaboradores de presidencia como de comunicación social, como asistentes, fotógrafos, camarógrafos y representantes de los medios de comunicación que siguen sus actividades .

También debe incluirse personal de logística y seguridad, donde varios de ellos realizan recorridos por adelantado para verificar sitios, horarios y trayectorias, quienes sin duda están expuestos a posibles contagios. Es decir, López Obrador debería de pensar en todos ellos.

Sin embargo, hay otros puntos donde hasta el momento se ha mantenido inflexible, según él, para no caer en prácticas neoliberales, como apoyar a empresas para superar el cierre de actividades productivas y, en cambio, insiste en decir que apoyará a los necesitados, aunque no ha explicado ni el cómo ni cuándo.

Téngase presente que Omar Fayad, gobernador de Hidalgo, quien dio positivo para el coronavirus estuvo recientemente con López Obrador, pero aun así se niega a reducir sus actividades y a someterse a prueba médica alguna.

Y a pesar de las demandas de los empresarios por retrasar los pagos de impuestos –no se niegan a pagar, simplemente piden más tiempo‑; el presidente tampoco ha accedido a esa petición bajo el argumento de que los ingresos fiscales son necesarios para enfrentar la contingencia de salud, aunque esa medida signifique la pérdida de muchas plazas laborales.

También se ha mostrado inflexible en su decisión de seguir adelante con sus obras como le refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, al afirmar que generarán fuentes de trabajo, aunque quizá esos recursos deberían retrasarse para ser utilizados en acciones de salud.

Sin embargo debe tener presente que en estos días su aprobación como presidente cayó por primera vez por debajo del 50%, en medio de críticas a su gestión de la emergencia del coronavirus, la inquietud por la inseguridad pública y los problemas económicos.

El sondeo, elaborado por Consulta Mitofsky y publicado en El Economista, situó la popularidad del mandatario en un 49.6% para el viernes, frente al 50.1% del día anterior. Ante ello Roy Campos, director de esa empresa, dijo que la epidemia del coronavirus ha afectado “seriamente” el apoyo ciudadano al gobernante, tanto como el panorama económico nacional.

Sinceramente, López Obrador debe reflexionar y analizar las consecuencias de sus necedades y de querer ir en contra de las opiniones y puntos de vista de otros sectores sin razonarlos debidamente.

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